Bispo Julio Cesar – Exhaustos sí, derrotados no


Exhaustos sí, derrotados no

De entre todas las personas que participan en campañas de fe, como la Campaña de Israel que estamos viviendo actualmente, se pueden ver dos grupos: Aquellos que paran después de su sacrificio, y aquellos que mantienen vivo su sacrificio.

Los dos grupos están dispuestos a entregar todo lo que tienen para conquistar lo que Dios tiene para ellos. Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre ambos? Es simple. Aquellos que paran después del sacrificio son lo que confían en la Palabra de Dios y que quieren ver Sus promesas cumplidas en sus vidas, y que para ello toman todo lo que tienen

económicamente hablando y lo entregan.

Pero, aunque están dispuestos a sacrificar sus riquezas, no están tan dispuestos a

sacrificar su propia vida a través de la oración, ayuno y vivir una vida limpia… es decir, no quieren hacer un sacrificio espiritual.

El sacrificio espiritual es el que da validez al sacrificio físico y económico, y lo mantiene vivo. Es el elemento que nos mantiene concentrados en nuestro objetivo, persiguiéndolo hasta que lo alcanzamos, y sin importar el tiempo que tarde o lo lejos que tengamos que ir.

El segundo grupo de personas, son aquellos que mantienen vivo su sacrificio, hacen sus sacrificios materiales, pero no paran ahí, van más allá, alimentando su fe al máximo, resistiendo el mal y construyendo una relación con Dios que no para de crecer.

Esto es lo que les da la confianza para luchar por cosas que antes podían parecer imposibles. Si usted permite que su sacrificio muera en el altar justo después de haberlo entregado, nunca le traerá los resultados que usted esperaba tener al principio. Además, se sentirá cansado y desistirá en su lucha en el medio del camino.

Las promesas de Dios son para aquellos que están dispuestos a tener una relación profunda con Él, no para aquellos que están sólo interesados en lo que Él tiene para ofrecernos.

Esto es lo que Jesús le dice a los que supuestamente desean seguirle: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo [sacrificio espiritual], tome su cruz cada día [sacrificio físico] y sígame [sacrificio económico].” (Lucas 9:23)

Mantener nuestro sacrificio vivo no sólo nos garantiza la victoria, sino que también fortalece nuestra comunión con Dios y nos da la oportunidad de tener grandes experiencias con nuestra fe.

Mi pregunta es, va a permitir que el cansancio le pare ahora, ¿o va a continuar persiguiendo sus enemigos? La respuesta está en el nivel de su sacrificio.

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